

La ansiedad y depresión son dos trastornos mentales que pese a las diferencias pueden presentar ciertos síntomas similares. Hoy en día son dos trastornos cada vez más comunes en la sociedad y, de hecho, es posible encontrar síntomas de depresión y ansiedad juntos en un mismo paciente que sufra un trastorno ansioso depresivo y sus síntomas.
Pese a ser dos afecciones diferentes con frecuencia se manifiestan juntas, pero ¿cómo se relacionan la ansiedad y la depresión? Si quieres conocer cuáles son los aspectos que relacionan a la ansiedad y la depresión continúa leyendo este artículo.
Antes de comprender cómo se pueden presentar la depresión y ansiedad juntos, y lo que esto puede provocar en una persona, es importante conocer qué es cada uno de estos trastornos y cómo diferenciarlos. La ansiedad es un sistema de nuestro organismo que nos alerta cuando prevé la existencia de una amenaza o peligro futuro. Cuando este mecanismo se activa se ponen en marcha ciertas conductas como la evitación, el enfrentamiento a aquello que nos supone una amenaza o el escape.
Al tratarse de una respuesta de nuestro cuerpo ante un peligro pueden existir varios estímulos o situaciones a los que se le pueda asociar fácilmente, como por ejemplo un incendio, un robo, un animal peligroso…etc.
Sin embargo, cuando una persona reacciona de forma exagerada ante una situación que objetivamente no es peligrosa, de forma repetida y prolongada en el tiempo, probablemente puede estar sufriendo un trastorno de ansiedad.
Estas son las características más comunes que experimenta una persona cuando sufre un trastorno de ansiedad:
La depresión, por su parte, es una enfermedad que afecta tanto física como mentalmente. Quienes padecen esta afección tienden a experimentar sentimientos de tristeza constante y a perder el interés en realizar todo tipo de actividades.
El trastorno depresivo mayor o depresión clínica, como también se conoce a esta enfermedad, puede provocar en las personas que lo sufren deseos de alejarse de la familia o amigos, tensión en el trabajo o ansiedad, entre otros.
No existe una razón concreta por la que una persona cae en un estado depresivo, pero algunos motivos que pueden desencadenar este trastorno psicológico pueden ser: terminar una relación amorosa, la pérdida de un ser querido o un hecho traumático. Hay que tener en cuenta que los trastornos mentales están siempre muy vinculados los unos a los otros, por lo que la ansiedad puede provocar depresión, y viceversa.
Sentir tristeza es normal, el problema se agrava cuando este sentimiento se prolonga en el tiempo.
A continuación, cito los síntomas que experimenta una persona con depresión:
La ansiedad y la depresión pueden presentarse de forma simultánea, es decir, que puede haber quienes tengan síntomas de depresión y ansiedad juntos, e incluso son muchas las personas a las que se les diagnostica ambas enfermedades a la vez. En algunas ocasiones la ansiedad es uno de los síntomas que experimenta una persona que sufre un trastorno depresivo, o viceversa, la depresión aparece como consecuencia de un trastorno de ansiedad.
La depresión y ansiedad juntos, son respuestas de nuestro organismo que se disparan ante diversos eventos. La ansiedad activa nuestro sistema de alerta y la depresión aparece cuando vivimos un hecho como un fallo o una pérdida.
Los principales rasgos que tienen en común la ansiedad y la depresión son las sensaciones de culpabilidad, irritabilidad, bajo estado anímico y dolor emocional elevado. La baja autoestima hace que las personas que sufren ambos trastornos sean incapaces de enfrentarse a determinadas circunstancias ya que tienen una percepción sobre sí mismos que no es real.
Aunque distintas, estas dos condiciones comparten mecanismos neurobiológicos y factores de riesgo. Investigaciones sugieren que desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, la norepinefrina y la dopamina pueden contribuir a que aparezcan la depresión y ansiedad juntos. Además, factores genéticos, experiencias vitales estresantes, traumas y ciertos rasgos de personalidad pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar tanto ansiedad como depresión.
Siendo así, como hemos mencionado con anterioridad, un alto porcentaje de las personas que experimentan un trastorno de ansiedad, pueden tener depresión y viceversa. Se estima que alrededor del 50-60% de las personas diagnosticadas con un trastorno depresivo mayor también cumplen los criterios para al menos un trastorno de ansiedad. Esta alta tasa de comorbilidad subraya la necesidad de un enfoque integral en el diagnóstico y tratamiento de estas condiciones para, así, otorgar a los pacientes una mayor calidad de vida.
Cuando estamos frente a un diagnóstico de depresión y ansiedad juntos, es probable que nos preguntemos cuál de las dos condiciones ha podido aparecer primero, sin saber que ambas se pueden retroalimentar en un círculo vicioso. Es como si una alimentara a la otra, intensificando los síntomas y dificultando la distinción de dónde termina una y comienza la otra.
La preocupación constante, la inquietud y la evitación asociadas con la ansiedad pueden llevar a un aislamiento social, una reducción de actividades placenteras y una sensación de agotamiento constante. Esta disminución de la participación en la vida y el reincidente estado de alerta pueden erosionar la autoestima y el estado de ánimo, abriendo la puerta a la depresión.
Pero, en otras ocasiones, la falta de energía, la desesperanza y la dificultad para encontrar placer en la vida que caracterizan a la depresión pueden hacer que cualquier desafío, por pequeño que sea, parezca abrumador. Esta sensación de incapacidad puede generar una gran ansiedad sobre el futuro, las responsabilidades o incluso las interacciones cotidianas, haciendo que aparezcan la depresión y ansiedad juntos.
Una persona deprimida que lucha por levantarse de la cama puede sentir una enorme ansiedad ante la perspectiva de enfrentar el día a día. Es por esto que es difícil determinar cuál de las dos condiciones ha aparecido primero. Lo importante es identificar que ambas están presentes y necesitan ser abordadas de manera simultánea.
Si bien es posible que la depresión y ansiedad aparezcan como comorbilidades, también puede pasar que cuando los síntomas se agravan y no cumplen con características específicas para un diagnóstico de trastorno de ansiedad específico o de trastorno depresivo mayor, podemos estar en presencia del trastorno ansioso depresivo (TAD).
Este diagnóstico se aplica cuando una persona experimenta síntomas significativos de ambos trastornos, pero ninguno de ellos predomina claramente o alcanza la severidad para ser diagnosticado como un trastorno depresivo mayor o un trastorno de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada o el trastorno de pánico. El resultado: Una tormenta emocional significativa que se manifiesta en una mezcla de preocupaciones, pérdida de interés, angustia, falta de energía y más.
Algunos de los síntomas que pueden observarse cuando la depresión y ansiedad hacen presencia juntos:
Para la identificación de este trastorno deben de presentarse los síntomas antes mencionados en el mismo espacio temporal. Este aspecto es fundamental para poder diferenciar el trastorno mixto ansioso-depresivo de un trastorno de ansiedad o depresión con sintomatologías propias de las otras afecciones.
Si bien tener síntomas de un trastorno ansioso-depresivo es abrumador, en Psicología Nafría te facilitamos una serie de pautas para que sepas qué hacer cuando tienes ansiedad y depresión:
Acudir a un especialista es sin duda la mejor forma de tratar la depresión y ansiedad juntos. En Psicología Nafría disponemos de las herramientas necesarias para que puedas darle un nuevo rumbo a tu vida.
No dudes en ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de ayudarte. Si estás pasando un mal momento y crees que reúnes uno o más síntomas propios de la depresión y ansiedad juntos, podemos ayudarte. No dudes en ponerte en contacto con nosotros, nuestro experto equipo de profesionales estudia cada caso para que recibas una atención personalizada.

Patricia Nafría Vicente
Psicóloga sanitaria y Neuropsicóloga. Mente inquieta en formación continua.
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