

Existe un tema para el cual quizá muchos padres no están preparados y que puede generar confusión, miedo e incluso rechazo cuando no se comprende adecuadamente. En este artículo de Psicología Nafría, tratamos la disforia de género en niños y adolescentes.
Como padres, el instinto natural es proteger y amar a nuestros hijos, asegurando su bienestar físico y emocional. Cuando un hijo expresa sentirse diferente a cómo la sociedad lo percibe según su sexo asignado al nacer, puede resultar abrumador, más si no se tienen las herramientas adecuadas para sobrellevar la información.
Este post está diseñado para ser una guía sensible y comprensiva que les brinde a los padres información clara sobre la disforia de género en niños, cómo reconocer sus señales y, lo más importante, cómo brindar el apoyo y tratamiento adecuados para garantizar la salud y felicidad de sus hijos. Es importante aclarar que ante cualquier duda, lo mejor siempre es solicitar ayuda, pues este post no pretende para nada suplir el acompañamiento psicológico para la familia.
Empecemos por algunas definiciones básicas para entender qué es y cómo identificar la disforia de género en niños. Antes se conocía como “trastorno de identidad de género”, pero la terminología ha evolucionado para despatologizar la experiencia de ser transexual.
La disforia de género en niños se refiere a la angustia significativa que experimenta una persona debido a la incongruencia entre su género experimentado/expresado y el género asignado al nacer en base al sexo.
Es importante diferenciar el género asignado de la identidad de género. La identidad de género en niños es el sentido interno e individual de ser hombre, mujer, ambos, ninguno u otro punto del espectro de género, que es mucho más amplio de lo que la mayoría podría pensar. Se trata de cómo una persona se siente en lo más profundo de su ser. El sexo asignado al nacer se basa en las características biológicas (genitales, cromosomas, etc.) observadas al nacer y que usualmente la sociedad utiliza para asignar también una identidad.
Cuando aparece el sentimiento de que no corresponden estas características biológicas con cómo la persona es, entonces aparece la disforia de género. Si bien no todos los individuos transgénero experimentan una disforia de género marcada, bien pueden experimentarla en diferentes grados y momentos de sus vidas, este sentimiento puede ser abrumador y confuso en niños y adolescentes que apenas están intentando experimentar la vida, ya que las normas sociales resultan todavía más ambiguas.
Reconocer la disforia de género en niños y adolescentes puede ser un desafío, ya que los niños a menudo exploran diferentes roles e identidades de forma natural mientras están creciendo. Sin embargo, hay señales persistentes y consistentes que pueden indicar que un niño puede estar experimentando disforia de género. Es crucial observar patrones y el nivel de angustia que estas expresiones les causan.
En el caso de niños pequeños (prepúberes), es complejo de determinar, pues muchos niños cisgénero experimentan con la ropa, los juguetes y los roles de género que la sociedad asocia con el sexo opuesto, y esto es parte del desarrollo normal y, de hecho, muy sano para desencallar su papel social.
En este sentido, no hay manera de saber cuándo empieza la disforia de género en niños, la clave en esta edad es la persistencia, consistencia y angustia en medio de esta experimentación. Te damos algunos ejemplos:
Cuando se trata de adolescentes, en esta etapa es cuando más se busca la identidad propia lo que puede complicar en algunas ocasiones la identificación de la disforia de género en niños y adolescentes.

Sin embargo, las señales suelen ser más claras y la angustia más profunda, especialmente a medida que los cambios corporales de la pubertad se manifiestan. En esta etapa, la disforia de género puede verse como:
Evidentemente, cada caso es único y las señales pueden ser muy diversas. Son muy importantes los detalles, eso sí: si tu “niña” elige siempre interpretar personajes masculinos en la hora del juego o si intenta adoptar características que socialmente han sido entendidas como masculinas, préstale más atención y, sobre todo, no evites hablar del tema ni ofrecerle ayuda.
Sabemos que quieres lo mejor para tu hijo, si no no estarías leyendo esto, así que te invitamos a pedir la ayuda de un profesional de la psicología y a darle las herramientas necesarias para evitar un malestar mayor. Huye de los estereotipos o de las estigmatizaciones. Tu hijo merece ser feliz.
La disforia de género en niños no es solo una cuestión de identidad; es una fuente significativa de angustia emocional que puede tener un impacto profundo y duradero en la salud mental de niños y adolescentes.
Cuando la incongruencia que se siente con disforia de género no es validada ni acompañada desde el amor, el malestar puede escalar rápidamente, generando otros problemas. Imaginemos la experiencia de sentirse atrapado en un cuerpo que no se alinea con quién eres fundamentalmente o con quién necesitas que el mundo te relacione, en un ambiente que constantemente te etiqueta de una manera que te resulta falsa y agobiante. Esta lucha interna y externa puede manifestarse como una profunda tristeza y desesperanza, a menudo evolucionando hacia la depresión. La ansiedad es también una compañera común, derivada del miedo al juicio, el rechazo o la incapacidad de vivir auténticamente. Los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes con disforia de género son muy comunes.
La disforia de género en niños mal abordada puede conllevar también a problemas de autoestima y autoconcepto negativo, aislamiento social e inclusive, puede aumentar el riesgo de autolesiones o intentos suicidas en personas con disforia de género que no han sido apoyadas. Es fundamental comprender que estas consecuencias no son inherentes a ser transexual, sino que son el resultado directo de la disforia y la falta de apoyo y afirmación por parte de la familia, la escuela y la sociedad.

El objetivo principal del tratamiento de la disforia de género es aliviar la angustia y mejorar el bienestar psicológico y la calidad de vida del individuo. Para ello es necesario un enfoque multidisciplinario que combine conocimiento psicológico y médico desde un modelo de atención afirmativa al género. Este modelo reconoce y valida la identidad de género expresada por el niño o adolescente, y busca apoyar su proceso.
Para ayudar a un niño o adolescente con disforia de género se recomienda:
Este es el primer y más crucial paso, especialmente en niños y adolescentes. La terapia individual con un profesional especializado en identidad de género en niños puede ayudar explorar sus sentimientos, entender su identidad y desarrollar estrategias de afrontamiento para la disforia. No se trata de “curar” la transexualidad, sino de apoyar al individuo en su viaje.
También, la terapia familiar puede ser de vital importancia, ayudando a los padres y otros miembros de la familia a comprender la experiencia de su hijo, procesar sus propias emociones, aprender a comunicarse de manera efectiva y construir un entorno de apoyo y aceptación.
Es muy fácil: si a tu peque le hace sentir bien que le hables en femenino, hazlo. Si ves que se siente mejor con el masculino, igual. Si lo que le alivia e identifica es el tratamiento neutro, aunque a la sociedad le falte todavía acostumbrarse a su uso, háblale en neutro. Notarás, al instante, una mejora en su ánimo y confianza.
Es importante, en compañía del terapeuta y la familia, que el niño comience a vivir de acuerdo con su género sentido en su entorno social. Este paso puede incluir el cambio de nombre y pronombres de identidad, la expresión del género y la comunicación con otros círculos del proceso, como, por ejemplo, la escuela. La afirmación social se considera fundamental para aliviar la disforia en las etapas más tempranas.
Las intervenciones médicas se consideran solo después de un período de afirmación social y una evaluación psicológica exhaustiva por parte de un equipo multidisciplinario. Nunca se realizan en niños prepúberes y consisten en una serie de estrategias para suprimir el paso de la pubertad, la administración de hormonas que se alineen mejor con el sentido de identidad de género y, en casos que así lo decidan, cirugías de afirmación de género.
Es importante aclarar que las intervenciones no siempre son parte del proceso de ser transexual (a veces el individuo necesita una, dos o tres cirugías, otras veces no necesita ninguna), pero suele ser una forma efectiva de aliviar la disforia de género.
Si te preguntas qué médico trata la disforia de género, necesariamente es un equipo multidisciplinario que incluye psicólogos o psiquiatras, endocrinólogos, pediatras y trabajadores sociales.

Ser padre de un niño o adolescente con disforia de género puede ser un camino desafiante, sobre todo si no se han tenido referentes o estudios de género apropiados, pero el amor y apoyo son el pilar más importante para el bienestar de su hijo. Educarse y comprender sobre cómo se siente tu hijo es importante para poder brindarle un ambiente de apoyo y aceptación donde pueda sentirse seguro.
Recuerda: evitando o confrontando el tema no vas a hacer que desaparezca su disforia de género, solo vas a provocar represión, pérdida de confianza y autoestima y un malestar emocional que puede llegar a medidas extremas.
En Psicología Nafria, contamos con un equipo de profesionales psicólogos para niños y adolescentes capaces de brindarte orientaciones en este proceso. Eso sí, recuerda que el proceso psicológico sirve para darle herramientas de autocomprensión y desarrollo psicológico al menor, no para “curar” su transexualidad. Eso, te lo advertimos ya, no es posible porque no se trata ni de una enfermedad ni de un trastorno mental. También contamos con un equipo profesional de psicología para adultos para ayudarte a llevar la situación de la manera más sana posible. Contáctanos, no estarás solo.

Patricia Nafría Vicente
Psicóloga sanitaria y Neuropsicóloga. Mente inquieta en formación continua.
Si te sientes identificado/a con mis artículos, no dudes en contactarnos.